La Accademia Peloritana dei Pericolanti es una de las instituciones culturales más acreditadas de Mesina a la que se incorporaron durante siglos “hombres de ingenio y de cultura”, como filósofos, científicos, hombres de letras y teólogos que, gracias a su amor por el saber, ampliaron los horizontes culturales de la ciudad de Mesina. Esa nació precisamente en el periodo de mayor desarrollo de las Academias (desde el siglo XVII a los inicios del XVIII), cuando en Mesina existían muchos cenáculos, sobre todo literarios: basta citar sólo las Academias de los “Abbarbicati”, de los “Argonautas”, de los “Incogniti”, de la “Clizia” y, sobre todo, la famosa Academia de la “Fucina” que contó con miembros tan ilustres, como Marcello Malpighi, Pietro Castelli y Mario Giurba. Sus orígenes están relacionados con la Academia literaria “degli Accorti” que había elegido como blasón la representación de un barco atravesando con las velas desplegadas el estrecho entre Scilla y Cariddis, icono que conservaría después la Academia Peloritana dei Pericolanti. La idea de dar vida a una nueva asociación nació de la necesidad de incluir también disciplinas científicas. La iniciativa para realizar tal proyecto se debe a Paolo Aglioti, el cual entregó la solicitud al famoso Ludovico Antonio Muratori con el fin de que la Academia fuera admitida a la de los “Dissonanti” de Módena. La solicitud fue aceptada y en 1728 surgió la nueva Academia con el nombre de “Peloritana dei Pericolanti”: “Peloritana” por el nombre del monte Peloro que domina la ciudad; “dei Pericolanti” porqué “...como en el mar de Scilla y Cariddi el navegante siempre está en peligro, así en el saber, entre las variadas dificultades y controversias, el estudioso siempre corre peligro”.
Todos los Académicos, según la costumbre de la época, se distinguían por un título que caracterizaba variamente su personalidad. Su primer presidente fue Andrea Minutoli, llamado "el Tranquilo", mientras que el abate Carlo Vitali cubrió el papel de secretario. El primer estatuto aprobado preveía dos reuniones al mes, además de cuatro extraordinarias en ocasión de la Semana Santa, la Fiesta de la Virgen de la Carta y los aniversarios del nacimiento de los Reyes. Los argumentos de discusión comprendían cada sector del saber: las letras, filosofia moral y natural, historia sagrada y profana, teología dogmática, ciencias matemáticas, geografía, documentos antiguos, numismática, jurisprudencia y argumentos de caballería.
Desde el comienzo de su actividad, la Academia gozó de privilegios hasta entonces nunca otorgados a ninguna entidad. El Virrey de Sicilia le concedió una sala del Palacio del Ayuntamiento para acoger las reuniones que desde el principio tenían como objeto de interés la historia de Sicilia. Fue precisamente gracias a estas primeras investigaciones que se llegó por fin a dirimir la controversia surgida por aquel entonces entre Palermo y Mesina, acerca de la Carta escrita por la Virgen María de la que los Mesineses estaban tan orgullosos. Fue precisamente el descubrimiento por parte de los Socios de algunas mazas de hierro que llevaban grabada una oración a la Virgen en latín, lo que permitió determinar favorablemente para la ciudad de Mesina la pertenencia de la carta. Los estudios de historia patria se multiplicaron con la redacción de varias disertacionescomo la de Francesco Natoli, llamado "el Timido", sobre los Gigantes, primeros habitantes de Sicilia, seguida por la de Paolo Aglioti, llamado el Ardito que quiso demostrar el origen de estos gigantes.
Especialmente productivos fueron los años siguientes al 1825, en los que se produjo la inmisión en los rangos académicos de nuevas energías que otorgaron nueva linfa a la Asociación. Fueron aprobados nuevos y más modernos estatutos, en los que apareció por primera vez la subdivisión del cuerpo Académico en cuatro clases de estudio. Esta clasificación sufrió nuevas modificaciones hasta alcanzar la actual subdivisión: primera Clase: Ciencias Físicas, Matemáticas, Naturales; la segunda: Ciencias Médico-Biológicas, la tercera: Ciencias Jurídicas; la cuarta: Letras, Filosofia y Bellas Artes.
Sólo en 1846 la Academia consiguió alcanzar una vieja aspiración: le fue asignada una sede propia en un hermoso edificio contiguo a la Universidad, que disponía de locales para biblioteca y archivo, además de una amplia sala para las reuniones.
Sucesivamente en 1878, gracias a la iniciativa del solícito Antonio Catara Lettieri, se inició la publicación anual de las Actas Académicas para acoger las comunicaciones e informes de los Socios,diseminados anteriormente en ediciones sueltas o bien en varios periódicos locales, promoviendo un proficuo intercambiocon las Actas de otras Academias. Así la Academia ofreció, en múltiples ocasiones, la cultura y la ciencia de sus miembros para el progreso de Mesina y de su territorio.
Numerosos, de hecho, fueron los testimonios de sus miembros como la intervención de un ilustre Socio, Gioacchino Arrosto que, por encargo del Senado de la ciudad, en los primeros años del siglo pasado, analizó la composición química de un manantial de aguas sulfúreas descubierto casualmente en Mesina, dando comienzo a su empleo en beneficio de la salud pública. Tampoco se puede olvidar la construcción de la meridiana de la Catedral, debida al ingenio di Antonio María Jaci, gran matemático y astrónomo. Los adelantos en los diferentes campos delsaber han seguidohasta hoy, graciasa la estrecha relación existente entre la Academia y la Universidad de Mesina que asegura la presencia en la Academia de numerosos docentes del Ateneo Peloritano. Un binomio hoy indivisible que se cofuerza constantemente por tutelar el saber intelectual y científico de la ciudad de Mesina y su desarrollo cultural.